La Lotería Cortical
31 de agosto de 2024·2 partes·51 min de lectura
Parte 1La Lotería Cortical.
La Lotería Cortical. | Primera Parte
El Optimismo y el Pesimismo.
Una vida exitosa requiere, probablemente, un balance apropiado entre optimismo y pesimismo. Un optimismo exagerado puede llevar a tomar riesgos que conduzcan al desastre.
La visión pesimista, lleva a preocuparnos por peligros tal vez inexistentes. Es fuente de ansiedad y depresión. Focalizando en lo que puede salir mal, dificulta la acción, puede volvernos pasivos.
Ambos extremos pueden afectar nuestra salud y longevidad.
El título de este post y la idea, vienen del libro de Jonathan Haidt “The Happiness Hypothesis: Finding Modern Truth in Ancient Wisdom”. Basic Books. 2006. (1)
Es un libro sobre la felicidad, algo que los seres humanos buscamos. En uno de sus capítulos habla de la “Lotería Cortical”.
El desarrollo del post está basado en la revisión de David Hecht: Hecht D. “The neural basis of optimism and pessimism”. Exp Neurobiol. 2013 Sep;22(3):173-99. (2)
El elefante y su conductor.
Haidt comienza por referirse al cerebro humano como la combinación de varias estructuras, que, interactuando, dan lugar a lo que pensamos, sentimos, imaginamos, creemos, y a la forma en que actuamos.
Desarrolla una metáfora, la del elefante y su conductor. El cerebro tiene áreas no conscientes, determinantes principales de nuestra conducta, y la conciencia. Esta trata de interpretar y explicar, lo que pensamos, sentimos y hacemos. Un elefante y su conductor.
El elefante es nuestro cerebro antiguo, emocional, animal, desarrollado durante millones de años. Cuenta con una sabiduría extraordinaria, que la evolución le ha otorgado.
En tiempos más recientes, apareció el conductor, el jinete, nuestra conciencia racional.
La mayoría de nuestros deseos, intuiciones y sesgos vienen del elefante. La conciencia trata de dar sentido a esos deseos e intuiciones. El elefante mira el mundo de una cierta manera. El conductor solo puede seguir, interpretar y dar sentido a esa forma de ver. El elefante tiene deseos y el jinete tiene razonamiento. Evalúa la realidad e intenta dirigir al elefante con lo que llamamos el raciocinio, y la voluntad.
Pero muchas veces, deseos, impulsos y sesgos se imponen.
Nos sorprendemos haciendo o diciendo cosas que luego, a veces, lamentamos. O hacemos lo contrario de lo que debemos y nos propusimos hacer. Raciocinio, voluntad, deseo y conducta están a menudo en pugna.
Nuestro libre albedrío, si existe, es limitado.
“Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí”.
Así se lamenta el apóstol Pablo en su Carta a los Romanos. (Romanos 7:19-25)
El elefante puede, entre otras cosas, estar programado para ser pesimista u optimista. Nos obliga, a ser optimistas o pesimistas. Es nuestro destino.
Nuestra felicidad, nuestra salud y longevidad dependen en gran parte de estas formas de ser. De este programa.
En una segunda parte hablaremos de optimismo, pesimismo y salud.
Optimismo, pesimismo.
Todos tenemos momentos optimistas y momentos de pesimismo. Todos tenemos días soleados y días lluviosos y oscuros. Cristales rosas, cristales oscuros.
Pero la mayoría de las personas, tienen una tendencia a pensar, sentir y actuar, en formas que se aproximan a los extremos. Hay quienes permanecen optimistas ante las mayores dificultades. Hay optimistas que lo son siempre. Hay pesimistas que lo son siempre.
El optimismo y el pesimismo se definen como atributos psicológicos, rasgos de la personalidad. Caracterizados por ver lo mejor, o lo peor, el vaso medio lleno, o el vaso medio vacío, las cosas buenas o malas de la vida.
El mundo del Optimismo.
Optimismo es la expectativa de que nos van a suceder cosas buenas, la creencia en un futuro favorable.
Para el optimista el mundo ofrece oportunidades. Cree con convicción, en la idea de que puede controlar los resultados futuros. Un sesgo que hace ver la realidad y el resultado de sus acciones, como favorables. El optimista confía en sí mismo. Mira el mundo con confianza. Confía en la gente.
Su vida está determinada por la confianza. Diríamos por la fe.
El optimismo como rasgo, como disposición permanente del carácter, se relaciona con varias ventajas.
El estado de ánimo es consistentemente mejor, menos ansioso, menos depresivo, predomina el buen humor. Esto mejora la capacidad de resolver problemas o enfrentar desafíos. La vida es más placentera. La salud es mejor.
El éxito en diversos contextos, en el trabajo y en los emprendimientos, es mayor. El optimista tolera mejor la adversidad, no vacila en volver a empezar. Sigue intentando lograr sus objetivos. Tolera mejor las críticas.
El atractivo social de los optimistas es mayor. Las personas los ven favorablemente, son simpáticos, divertidos, hacen muchos amigos.
Reciben mayor apoyo de dichos amigos. Al multiplicar sus relaciones y sus amistades, generan más oportunidades en todos los órdenes de la vida. (Carver CS, Scheier MF, Segerstrom SC (2010) (3) (Scheier MF, Carver CS., 2018) (4)
Uno de los motivos que hacen a los optimistas más aceptados socialmente, es que se los percibe como capaces de arriesgarse. Y lo son, más aún, muchos se sienten atraídos por el riesgo. Deportes de riesgo, situaciones de riesgo. Se los supone valientes. El valor se admira. (Milhabet I, Le Barbenchon E, Cambon L, Molina G., 2015) (5)
El optimismo tiene una relación fuerte positiva con 3 de los 5 Factores de la personalidad a saber: Extroversión, Amabilidad y Apertura a la experiencia. Y parcialmente negativa con Neuroticismo. (Sharpe J. Martin N. Roth K. (2011) (6)
El modelo de los Cinco Factores de la Personalidad: es un intento, generalmente aceptado, de acotar la infinita variabilidad de la personalidad humana en 5 factores principales. Estos son: Neuroticismo, Extraversión, Apertura a la Experiencia, Amabilidad y Responsabilidad. Constituye un marco integrador en el cual se dan cabida a los múltiples y diferentes constructos de personalidad en el ámbito de la normalidad.
(Goldberg LR.1993) (7)
Los optimistas no sienten ansiedad ante el futuro, lo suelen esperar con confianza. Creen tener el control. Sus expectativas son de logro, no dudan, o por lo menos no dudan mucho. Además, es placentero tener expectativas futuras favorables. Un motivo más para ser optimista.
Recaer en un sesgo optimista.
Los optimistas pueden quedar atrapados en un sesgo optimista. El de ignorar peligros y dificultades.
Este sesgo optimista ha llamado la atención de los investigadores. Ser más optimistas de lo esperable. Creer que tienen menos riesgo de experimentar eventos negativos, tener mejores chances de que les sucedan cosas buenas.
Esperar cosas positivas del futuro, sin evidencias que sostengan dichas expectativas. Esperar vivir más, y más saludablemente que el promedio de las personas. Desestimar la posibilidad de divorciarse. Sobreestimar las posibilidades de logros en el mercado del trabajo. O el éxito en un emprendimiento. (Klein C, Helweg-Larsen M, (2002) (8), (Sharot T. 2011) (9)
A este fenómeno se lo ha denominado el sesgo optimista. Algunos investigadores, (seguramente pesimistas), se muestran sorprendidos por la naturaleza paradójica de este fenómeno.
Las probabilidades de eventos buenos y malos, negativos y positivos, son iguales para todos.
Estos optimistas sesgados pueden minimizar el riesgo de tener un accidente y manejar con imprudencia. Pueden minimizar el riesgo de enfermar y evitar vacunarse, o tomar precauciones saludables. Practicar alegremente deportes de riesgo, en procura del estímulo, la excitación que provocan. Caer en la adicción al juego.
Amables y extrovertidos, confían en las personas, siendo muchas veces defraudados. Sobrevaloran su capacidad de hacer cosas. Creen que les sobra tiempo para todo. Ayudando a otros, descuidan el propio bienestar.
A pesar de ello, esta creencia seguramente ayuda a vivir mejor, aun siendo irracional.

¿Que ves?
El mundo del pesimismo.
El pesimismo es una visión en la que se destacan los aspectos negativos. El futuro está lleno de incógnitas. La sensación de que en el mundo predominan el mal y el sufrimiento. Que la capacidad de controlar del futuro es limitada.
Los desafíos mueven al pesimista, muchas veces, a permanecer pasivo, dudando de que sus esfuerzos puedan ser exitosos. Ve, anticipa, enfatiza, los peligros, las dificultades, lo malo, lo indeseable. La mala fortuna, el peor resultado.
Su vida está dominada por el temor.
En contraste con los optimistas, alegres y felices, los pesimistas sufren.
Esta disposición de carácter hace a las personas vigilantes y sensibles a las opiniones de los demás.
Para evitar evaluaciones negativas a menudo adoptan conductas defensivas, inhibidas o sumisas. Les cuesta confiar y abrirse a otras personas. De ese modo sus contactos sociales son menos numerosos, tienen pocos amigos. (Marin TJ, Miller GE., 2013) (10) (Davidson RJ., 2003) (11)
El pesimismo lleva con frecuencia a la autocrítica. Esta se centra en que siempre pudo haberse hecho mejor. Se analiza el pasado, reciente y lejano, y se encuentran mejores alternativas, que no se siguieron. El pasado aparece plagado de errores.
Hay culpa y autorreproche por lo actuado o lo dicho. Se quita valor a los objetivos logrados, se los atribuye a la casualidad, a la suerte. Esta rumiación es penosa.
Pesimismo defensivo.
Un pesimismo defensivo, aparece ante los desafíos y problemas que se enfrentan en la vida diaria. Es una estrategia cognitiva de las personas pesimistas, que les ayuda a manejar la ansiedad, y perseguir sus objetivos. Consiste en pensar en términos concretos y vívidos todas las cosas que pueden salir mal. Se limitan las expectativas y se consideran todos los posibles escenarios de fracaso.
El pesimista no cree poder controlar los innumerables factores que gobiernan los desenlaces. Dudan y temen. Pensando en lo peor se sienten más seguros, preparados para la frustracion, para la desdicha.
La primera publicación sobre pesimismo defensivo parece ser la de Julie Norem y Nancy Cantor, (Norem, J. Cantor, 1986) (12) (Norem, J. (2007) (13).
Síndrome del impostor.
Dudando de la propia capacidad, los pesimistas pueden experimentar el síndrome del impostor, sus dudas sobre ellos mismos los llevan a percibirse como fraudes.
El síndrome o fenómeno del impostor, es un conjunto de ideas que aparecen en personas pesimistas, que han logrado éxitos, y ocupan posiciones de prestigio.
Por las extrañas razones que generan el pesimismo, aparecen dudas sobre lo actuado y logrado, sobre las propias habilidades. Pensamientos reiterativos analizan la situación en que se encuentran y los méritos o deméritos de la misma. Atribuyen los logros a factores externos, a la suerte, a la casualidad, a las relaciones.
Al equivocado juicio de quienes aprecian su persona. Aparecen el temor a defraudar y ser descubiertos como mentirosos.
El fenómeno del impostor fue descripto por primera vez por Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978. (Clance P, Imes S,1978) (14)
Desde entonces ha despertado interés y sido objeto de numerosas publicaciones. Una actualización del tema puede verse en: (Bravata DM, Watts SA, Keefer AL, et al., 2020) (15) (Ibrahim F, Münscher JC, Herzberg PY.,2022) (16)
Hipocondría.
Algunos pesimistas son hipocondriacos. El trasfondo de la hipocondría, la obsesiva preocupación por la salud, es complejo, incluye varios factores. Pero es tambien un ejemplo de pesimismo extremo. Es el convencimiento de que solo lo peor, el peor diagnóstico, puede ser cierto.
Toda interpretación favorable de los síntomas que se padecen, es sospechosa de error. Un diagnóstico favorable genera la idea de que el médico se equivoca. El resultado normal de un estudio indica que el laboratorio debe haber errado. Conviene repetirlo. Y después la duda puede persistir, tal vez erraron de nuevo. (Hecht D., 2013) (2)
El pesimismo y los 5 factores de la personalidad.
El pesimismo se asocia con uno de los factores negativos de la personalidad. Puntúa alto en Neuroticismo: ansiedad y depresión. Puntúa bajo en Apertura a la Experiencia. Tiende a la Introversión, que es lo contrario del factor Extroversión. (Forsman LJ, de Manzano O, et al., 2012) (17)
Lo que piensa el grupo, las opiniones de la mayoría, el entusiasmo popular, lo que todos aceptan, no convencen al introvertido, pesimista y reflexivo. Las relaciones con las personas se vuelven cálidas, solo cuando creen estar seguros y superan la defensiva desconfianza. Esta, entre otras, es la causa de que su número de amigos y relaciones sea limitado.
En los otros 2 factores, Amabilidad y Responsabilidad, su puntaje no se diferencia del optimismo.
Hybris y Némesis.
La Hybris o Hubris, entre los griegos, era la soberbia, la desmesura, la vanidad de algunos, que se sienten triunfadores. Némesis era el castigo de los dioses a la soberbia humana. El pesimismo lo tiene muy presente, a los buenos momentos, a los logros, han de seguir malos momentos, y fracasos.
Némesis. Es una deidad que castiga la desmesura. Sus sanciones tienen usualmente la intención de dejar claro a los mortales que, debido a su condición humana, no pueden ser excesivamente afortunados. Ni felices.

Y el mundo de todos.
“Vivimos por la fe”. Pablo a los Corintios 5:7-9.
La frase, un poco fuera de contexto, de San Pablo, se nos aplica a todos. Optimistas y Pesimistas. Que mañana será otro día, que viviremos, que el sol seguirá saliendo. Que amigos y seres queridos seguirán a nuestro lado. Que el mundo no se termina mañana. Todos vivimos por esta Fe. Es una fe no religiosa.
Aun teniendo esa cuota de fe, en el mundo del pesimismo predomina el temor. El miedo gobierna la vida.
El despertar de todos los días, nos pone ante la realidad. Esa realidad es variable. A veces favorable a veces desfavorable.
Pese a ello, salimos a esa realidad, optimistas y pesimistas. Algunos confiados y vigilantes otros. Los optimistas con un humor más alegre, esperando con confianza grandes cosas de la vida. Aunque a menudo se frustren.
Los pesimistas con su humor reservado, esperan también grandes cosas de la vida, pero dudando. Coinciden en general, con la primera de las cuatro nobles verdades del budismo: “La vida es sufrimiento”
Considerando la historia, los humanos han generado inmensos sufrimientos. Las guerras incesantes, que continúan, las tiranías de diverso color. La miseria y el hambre. A las catástrofes naturales se suman otras, creadas por el hombre. La vida ha sido y es, para muchos, sufrimiento. El optimismo ayuda a olvidar y seguir adelante. Los pesimistas son proclives a tener esta realidad, presente.
Pese a ello, viven, se enamoran, trabajan, estudian, desean. Luchan como todos. El pesimismo del que son conscientes lo explican como realismo.
Ser pesimista es simple, mucho más simple que ser optimista. Tiene fundamento en la realidad, el peligro está presente siempre. Existen las dificultades y los peligros. Las personas nos defraudan. Nos equivocamos frecuentemente. Pudimos haberlo hecho mejor.
Vivir requiere un balance entre optimismo y pesimismo. El equilibrio implica un optimismo cauto y razonado, evaluar la realidad con adecuada precisión. Tambien arriesgarse y fracasar. Caer y levantarse.
Desde el punto de vista evolutivo, se me ocurre que el ser pesimista es estar mejor protegido del peligro. En tiempos pasados, detectar amenazas, mientras marchábamos para cazar o recolectar, era esencial. Detenerse, no avanzar, evaluar ese ruido, esa sombra, asegurarse antes de dar el próximo paso. Activar el mecanismo de lucha huida para estar preparado, era esencial para sobrevivir.
Hoy, en entornos más seguros, genera alarmas innecesarias, se aplica en situaciones muy distintas. Desconfiar en exceso. En el trabajo, entre amigos, en los grupos, vigilar, callar. Aunque algunos entornos urbanos son tan o más peligrosos, como antaño era la naturaleza.
A su vez, un exceso de optimismo en el entorno primitivo, no estar alerta, no desconfiar, no detenerse a mirar, podía ser fatal. En tiempos recientes el optimismo ayuda a seguir adelante, a esperar tiempos mejores.
Muchas publicaciones exploran la relación entre el optimismo, el ser optimista, o el ser pesimista, como rasgos persistentes de la personalidad y la salud. Parece haber una correlación positiva entre el optimismo y una mejor salud. Lo analizamos en detalle en la segunda parte de este posteo.
El programa.
Nuestro elefante contiene múltiples programas. Entre ellos, uno para el optimismo y otro para el pesimismo.
Cuando hablamos de pesimismo y optimismo, estamos hablando de cómo nos sentimos, con respecto a la realidad. Es decir, de nuestras emociones.
La emoción se define como el estado afectivo, que se origina en respuesta a la percepción de un objeto o situación.
La emoción es un proceso psicofisiológico. La valencia de una emoción se refiere al tono hedónico de la misma. Este va de lo desagradable: como ansiedad, dolor, rechazo, tristeza, temor, disgusto, enojo. A lo agradable: como placer, satisfacción, felicidad, alegría, contento, diversión.
En base a la valencia podemos calificar a las emociones como positivas, agradables. O negativas, desagradables.
El organismo manifiesta el tono emocional, con diferentes ritmos cardíacos, presión arterial, resistencia vascular, (actividad de los sistema simpático y parasimpático), producción de cortisol y funciones cerebrales.
La actividad de los hemisferios cerebrales varía y determina la calidad de la emoción que estamos experimentando.
Las emociones se sienten en el cuerpo, no solo en la mente. Nos afectan positiva o negativamente. Nos sanan o nos enferman.
Además, orientan nuestra brújula.
La Brújula.

Todo ser viviente se guía por una brújula esencial. La aguja señala hacia aquello que es necesario y útil para la supervivencia, y condiciona nuestro deseo o apetito.
Por otro lado, señala lo que es dañino, perjudicial. Y nos mueve a rechazar y alejarnos. Las dos dimensiones básicas que organizan la conducta: acercarse o alejarse. El gusto y el disgusto.
Jeffrey A. Gray, (citado por Hecht, D., 2011) (2), propuso que nuestra interacción con el medio está controlada por dos sistemas neurales, dos circuitos cerebrales.
El circuito de activación de la conducta, (en inglés BAS, behavioral activation system) y un sistema de inhibición de la conducta (BIS, behavioral inhibition system).
El BIS es sensible al peligro, responde a aquello que nos provoca temor, aquello que puede implicar un displacer. Aquello nuevo, cuyos efectos no conocemos. Aquello que pensamos, o intuimos, o sabemos por experiencia, que será negativo para nosotros.
Nos mueve a alejarnos y a rechazar. El BIS genera aversión. El BIS nos aleja, controla la conducta aversiva, el rechazo. Se asocia con temor, ansiedad, frustración, tristeza.
El sistema de activación de la conducta, responde a aquello que puede significar recompensa, placer, satisfacción. El impulso hacia tales objetivos puede ser muy intenso, e implicar riesgos no previstos. El BAS controla el deseo, el apetito, la motivación. Se asocia con esperanza, felicidad, alegría. (Hecht, D., 2011) (2) (Carver &White, 1994) (18) (Harmon-Jones et al., 2010) (19) (Keune PM, Bostanov V, et al., 2011) (20) (Davidson RJ, 1992) (21)
La brújula, además, tiene la esencial función de discriminar y tener en cuenta que, lo malo percibido es más importante que lo bueno, para nuestra supervivencia.
Pensemos, dejar escapar una presa es malo. Pero no detectar un predador que puede devorarnos es más importante. Lo malo debe predominar en nuestra atención.
Una parte de nuestro cerebro llamada el tálamo, recibe toda la información sensorial. Es la primera instancia, y la trasmite a la corteza cerebral.
Debajo del tálamo está la amígdala, que recoge patrones, en el flujo constante de información, que nos llega de los sentidos. Si detecta un peligro, activa directamente el mecanismo de lucha-huida. En una décima de segundo nos pone en alerta, e inicia una conducta protectora.
Clásicos ejemplos, tocamos una superficie caliente, la mano se aparta antes de pensarlo. Algo se desliza delante de nosotros y saltamos, pensando, después, que podría ser una serpiente. Esa figura en la sombra, ¿es un predador? La amígdala es un generador de alerta roja.
Se ha demostrado que el BIS y el BAS están representados en distintos hemisferios cerebrales. El hemisferio izquierdo nos motiva a actuar, acercarnos, el hemisferio derecho a evitar. A alejarnos.
En cada hemisferio.
Cuando nuestra conducta muestra una tendencia a acercarnos, a desear, a requerir, a sentir apetito, nuestro hemisferio cerebral izquierdo es el más activo.
Por el contrario, la tendencia a rechazar, apartarse, sentir algo como peligroso, vigilar y desconfiar, implica mayor activación relativa del hemisferio derecho.
El BAS está representado en el hemisferio izquierdo, (región prefrontal dorsolateral y medial). El BIS en el hemisferio derecho, (región prefrontal, amígdala, ganglios basales e hipotálamo).
Este modelo de activación vía el hemisferio izquierdo, e inhibición vía el derecho se extiende a todos los fenómenos mentales. El inicio de una respuesta verbal activa el hemisferio Izquierdo, mientras que decidir mantener silencio, el hemisferio derecho.
El hemisferio izquierdo activo, se asocia no solo con un estado mental temporario, sino también con el optimismo como característica de la personalidad. Lo mismo ocurre con el hemisferio derecho y el pesimismo.
El hemisferio izquierdo, cuando es activado, genera un tono emocional activo, positivo. Una sensación de confianza en la capacidad de manejar las situaciones y optimismo sobre el futuro. Genera ganas de hablar, compartir con quienes nos rodean. Extroversión, sonrisas, simpatía. Búsqueda de emociones, experiencias, riesgos. (Hecht D., 2013) (2) (Keune PM, Bostanov V, et al., 2011) (20) (Davidson RJ, 1992) (21)
El hemisferio derecho, activado por el peligro, real o supuesto, genera un tono emocional vigilante e inhibido, con sensaciones y pensamientos de temor. Aparecerá una conducta aversiva, desconfiada de eso nuevo, ansiosa, reticente.
Las emociones placenteras son izquierdas y las desagradables son derechas. (Davidson RJ., 1992) (21) (Schaffer CE, Davidson RJ, Saron C.,1983) (22)
Conviene señalar que nuestra brújula tiende a estar orientada hacia el placer inmediato. Esto es bueno, a veces, y puede llevarnos al desastre otras. Comer es necesario y bueno, excederse por el placer que genera, es malo.
Con las adicciones, el norte queda fijado hacia la droga, el alcohol, el juego. Con la búsqueda de emociones, o de likes, nos lleva a la selfie al borde del abismo.
No siempre es bueno seguir el norte del gusto. Postergar el placer inmediato, en procura de un beneficio futuro, es de gran importancia para lograr objetivos, y tener una vida saludable y exitosa.
Aclaración para lo que sigue. Nature vs. Nurture.
La discusión sobre lo genético y lo adquirido, lo innato y lo aprendido, la tábula rasa vs. lo que los genes determinan, en la personalidad, es permanente. Mi opinión, muy influenciada por las descripciones de los rasgos y conducta de gemelos idénticos separados al nacer, es que el componente genético es muy importante.
Inteligencia, extroversión, valentía o cobardía, religiosidad, inclinaciones políticas, gusto por las comidas picantes, o el jazz, son más parecidos en gemelos idénticos, que en gemelos fraternos. Los genes parecen influir en muchas peculiaridades de las personas. Otros opinarán diferente. Al hablar de lotería cortical hablamos de la suerte, de haber nacido con diferentes tendencias, haber nacido optimistas o pesimistas. Opino como Jonathan Haidt y muchos otros. (1)
La lotería cortical.
“The mind is its own place and in itself can make a heaven of hell, and a hell of heaven”.
John Milton, en Paradise Lost.
Este párrafo de Milton es una paráfrasis de Marco Aurelio, el emperador y filósofo estoico, quien en sus “Meditaciones” expresó: “No hay nada bueno o malo, el pensamiento lo hace bueno o malo”.
Otro filósofo estoico, Epicteto, lo dijo así: “No son las cosas las que nos atormentan, sino las opiniones que tenemos de ellas”
Jonathan Haidt cita, de Shakespeare, al Principe Hamlet, cuando este expresa: “How weary, stale, flat and unprofitable, seem to me all the uses of this world”
Luego dice Haidt: “Hamlet no tiene suerte, su tío y su madre conspiraron para matar a su padre, el Rey. Pero su larga y depresiva reacción a esta desgracia sugiere que no tenía suerte en otra cosa, era, por naturaleza, un pesimista”. (Haidt J. 2006) (1)

El Príncipe Hamlet, por William Morris Hunt (1824- 1879)
Al igual que en una lotería, que premia y castiga, algunas personas nacen con una configuración cerebral más propicia para el optimismo. Otras para el pesimismo. Un BIS, pesimismo, o un BAS, optimismo, más activos. Acercarse o alejarse, confiar o desconfiar.
Esto puede incluir variaciones en los niveles de neurotransmisores, como la serotonina y la dopamina. Así también, la reactividad de las áreas del cerebro responsables del procesamiento emocional.
Las cortezas frontales, derecha e izquierda, se activan en forma diferente según las emociones que experimentamos. Esto puede demostrarse con estudios diversos.
Por ejemplo, con el electroencefalograma. La asimetría frontal alfa, del EEG, es un indicador típico de activación cerebral asimétrica.
Se refiere la diferencia en la banda alfa del EEG, (8-13 Hz.). La intensidad de alfa es inversamente proporcional a la actividad del cerebro en esa región. Esta asimetría entre hemisferios se observa cuando se confronta una señal que genera temor, desagrado, en el derecho. O la inversa, cuando se experimenta placer, entusiasmo, en el izquierdo.
Pero también está presente en el estado habitual, supuestamente neutro de las personas.
Se observa que algunas tienen predominantemente activado el hemisferio izquierdo y otras el derecho. (Davidson RJ., 2003) (11) (Davidson RJ, 1992) (21) (Schaffer CE, Davidson RJ, Saron C.,1983) (22)
Estas diferencias son en gran parte genéticas. Datos de estudios de gemelos idénticos sugieren que aproximadamente el 50% de la variabilidad entre optimismo y pesimismo se debe a factores genéticos. (Plomin et al.,1992) (23) (Caprara et al., 2009) (24)
Las condiciones socioeconómicas durante la infancia, son asimismo a tener en cuenta. Una infancia y juventud en un buen ambiente socioeconómico y familiar, podría generar mayor tendencia al optimismo, y atenuar la tendencia al pesimismo. (Ek, Remes and Sovio (2004) (25) (Heinonen et al. (2006) (26)
Pero estas formas de ver y sentir la realidad, pesimismo y optimismo, son, fundamentalmente, el resultado de la lotería cortical, que ganamos o perdemos al nacer.
Desde bebés.
El componente genético se manifiesta precozmente.
Los bebés de diez meses, con mayor actividad de ondas cerebrales en el hemisferio izquierdo están menos sujetos a sentirse ansiosos o deprimirse. Se recuperan más rápidamente de las experiencias negativas.
Aquellos con un hemisferio derecho más activo, son proclives al temor y la ansiedad. Lloran rápidamente al ser separados de sus madres. Tienen niveles de cortisol elevados y muestran mayor inquietud al ser observados durante el sueño y la vigilia. Suelen tener un desempeño menos óptimo en la Escala de Brazelton.
La Escala para la evaluación del comportamiento neonatal (Neonatal Behavioral Assessment Scale), o Escala de Brazelton (Brazelton y Nugent, 1997), es una técnica de evaluación interactiva y está considerada una de las más útiles tanto para la detección de déficits, como para la identificación de las capacidades emergentes del neonato.

Estresar bebés.
Una forma de estudiar las repuesta emocionales de los bebés, es el test llamado “the still face” (el rostro quieto, o inexpresivo).
Edward Tronick, es un psicólogo de la universidad de Harvard que desarrolló esta prueba. Se utiliza para investigar el efecto del estrés en los niños muy pequeños, la memoria que conservan y los eventuales cambios epigenéticos que conlleva. Se evalúa la respuesta observando la conducta del niño y se agregan estudios, como electrocardiogramas, electroencefalogramas, cortisol salival, conductancia de la piel y otros.
Es un paradigma de exposición al estrés, bien validado en diversas experiencias. Evalúa la respuesta afectiva, conductual y fisiológica ante un breve y moderado stress inducido.
El paradigma Still Face, involucra tres episodios de 2 minutos de duración. Durante los mismos el niño está sentado frente a su madre. La madre es instruida para que juegue con el niño unos minutos y luego detenga la acción y muestre un rostro inexpresivo, neutral, sin hablar ni sonreír, ni tocarlo, por dos minutos. (Tronick, E., Als, H., et al., 1978) (27)
En instantes, el niño muestra una fuerte respuesta del sistema simpático, e inhibición del parasimpático.
En un estudio de Thomas Ritz et al., con este método, y como ejemplo, se observan cambios a nivel cardíaco, con un aumento de la amplitud de la onda T del electrocardiograma, y arritmia respiratoria sinusal. Un poco despues el niño hiperventila y llora. Aumenta el nivel de cortisol. (Ritz T, Schulz SM, et al., 2020) (29)
A los niños les cuesta volver a la normalidad, cuando la madre interactúa de nuevo con ellos. El estudio consiste en tres exposiciones, con intervalos, a la “still face”. Algunos muestran una respuesta tan intensa a la primera exposición que se suspenden las siguientes. (Weinberg MK, Tronick EZ., 1996) (28) No tolerar nuevas exposiciones indica muy alta reactividad al estrés.
Los que responden con mayor intensidad, son los que tiene actividad predominante en el hemisferio derecho. Son y serán pesimistas.
Sobre estas diferencias en los niños ver entre, otros: (Davidson RJ, Fox NA. 1989) (30) (Field T, Diego M, et al., 2002.) (31) (Fox NA, Henderson HA, et al., 2001) (32) (Degnan KA, Hane AA, et al., 2011) (33)
Y para siempre.
Estas tendencias son estables, y se prolongan hasta la adultez. Los niños temerosos, serán temerosos en la adolescencia. Las relaciones sociales les serán difíciles, asi tambien el trato con posibles parejas.
Como adultos que han perdido en la lotería cortical, lucharan toda su vida para soltarse de la actividad intensa de su sistema de inhibición de la conducta.
Serán proclives a necesitar psicoterapia, para lograr confiar en las personas y en la suerte. Tenderán a ver, (y a menudo estarán en lo cierto), los aspectos negativos de la realidad.
Pensando en los peligros y dificultades, esperarán poco del futuro.
Ante los obstáculos se sentirán a menudo pasivos e impotentes. En ambiente extraño guardarán silencio. Les costará confiar en otras personas. No serán felices.
Los bebés izquierdos, serán probablemente, optimistas, alegres, confiados, sociables y divertidos. Dispuestos a explorar y probar cosas nuevas. Se relacionarán fácilmente con otras personas. Harán amigos. Hablarán más. Serán más felices.
Nos contamos historias a nosotros mismos, nos explicamos las supuestas razones que nos mueven a ver la realidad con optimismo o con pesimismo. Racionalizamos nuestra predisposición genética. (Davidson RJ., 2003) (11) (Davidson RJ, 1992) (21) (Davidson, R. J., 1992) (35)
Y, como dicen que afirmaba Henry Ford, tanto si crees, como si no crees, tienes razón.
Los siempre optimistas y divertidos, y los tristes de este mundo, ambos la tienen.

Los campos visuales, son gobernados por el hemisferio opuesto. El izquierdo por el hemisferio derecho y viceversa.
Algo más sobre los hemisferios.
El hemisferio derecho se ocupa principalmente de la orientación en el espacio y los cambios que se producen en el mismo. Detecta le peligro.
El izquierdo está involucrado en la rutina, la repetición de conductas habituales. Mantiene la homeostasis y el ánimo relajado, la actividad fisiológica y psicológica normales.
Utilizando las diferencias entre campos visuales, que responden a uno u otro hemisferio, diversos experimentos afirman estas diferencias.
Una forma curiosa de demostrar cual hemisferio predomina, (dicen quienes investigan el tema, habrá que creerles), es pedir a las personas que marquen el punto medio de una línea recta. Pareciera que tendemos a errar, y marcamos un punto que está un poco más a la derecha o a la izquierda del verdadero centro. Errar a la izquierda indica predominancia del hemisferio derecho, pesimismo. Errar a la derecha hemisferio izquierdo, optimismo. (Drake RA, Ulrich G., 1992) (34)
Presentando imágenes subliminales de escenas peligrosas, o imágenes de caras con expresiones agresivas, se observa que son mejor detectadas y generan mayor respuesta en la conductividad de la piel, cuando son presentadas en el campo visual izquierdo, que responde al hemisferio derecho.
La conductancia de la piel, es también conocida como respuesta galvánica de la piel. La piel humana conduce mejor la electricidad, cuando está fisiológicamente excitada. Esta reacción es medible por dispositivos específicos. La conductancia de la piel puede medirse como respuesta al estrés, a las emociones.
Cuando se muestran estas imágenes se detecta también, por resonancia magnética funcional, mayor actividad en la amígdala, el pulvinar y el colículo superior, en el hemisferio derecho.
La respuesta es menor o inexistente al ofrecerlas al campo visual derecho que controla el hemisferio izquierdo. (Balconi, M., & Mazza, G. (2009) (36) (Balconi M, Vanutelli ME, Grippa E., 2017) (37) (Balconi M.E, Vanutelli ME, 2017) (38)
Los individuos con fobia a las arañas, las detectan con mayor rapidez en imágenes ofrecidas al campo visual izquierdo, que conecta con el hemisferio derecho.
Estas respuestas del hemisferio derecho al peligro, se acompañan de un consecuente aumento del cortisol circulante, significando que es el hemisferio que controla la respuesta al estrés. (Wittling W.,1994) (39) (Hewig J, Schlotz W, Gerhards F, et al., 2008) (40)
La inyección de una droga sedante, (amobarbital), en la carótida izquierda, sedando el hemisferio izquierdo, y dando así lugar al predominio del derecho, resulta en llanto, ideas pesimistas y preocupaciones acerca del futuro.
La inyección en la carótida derecha, que anestesia el hemisferio derecho, genera risas, sonrisas y reacciones eufóricas. (Ahern GL, Herring AM, Tackenberg JN, et al., 1994) (41) (Lee, G. P., Loring, D. W., Meader, K. J., & Brooks, B. B. (1990) (42)
La inyección de amobarbital en las carótidas, se ha realizado como investigación previa a la cirugía de la epilepsia refractaria.
El intento de suicidio refleja el pesimismo extremo, la absoluta falta de esperanza. El electroencefalograma de jóvenes sanas y el de un grupo de jóvenes que intentaron suicidarse, fallando, demuestra que la actividad del hemisferio derecho es mayor en las potenciales suicidas. (Graae F, Tenke C, Bruder G, Rotheram MJ, et al., 1996) (43)
Existen evidencias de que el síndrome de stress post traumático, la fobia social y el trastorno de pánico, están mediados por la activación del hemisferio derecho. (Cohen H, Kaplan Z, Kotler M, et al., 2004) (44), (Wiedemann G, Pauli P, Dengler W, et al., 1999) (45)
Una visión algo diferente y más compleja de la división entre hemisferios de las emociones, es la de (Palomero-Gallagher N, Amunts K., 2022) (46), para agregar incertidumbre a la certeza.
Veamos este test
Afirmaciones A.
· Estoy dispuesto a intentar cosas nuevas si pienso que serán divertidas.
· Si veo la posibilidad de lograr algo, lo intento de inmediato.
· Cuando me pasan cosas buenas, me siento muy contento.
· A menudo actúo bajo el estímulo del momento.
· En tiempos inciertos siempre espero lo mejor.
Afirmaciones B.
· Me preocupa cometer errores.
· Las criticas o las burlas me duelen mucho.
· Me siento muy mal cuando pienso que he cometido un error en algo importante.
· Tengo muchos miedos, en comparación con mis amigos.
· Casi siempre tengo dudas de que las cosas me salgan bien.
Seguramente ya adivinamos. Si nos identificamos con A, nuestra visión de la realidad es optimista, nuestro hemisferio izquierdo se activa preferentemente. Predomina el BAS.
Si nos identificamos con B, nuestra visión es pesimista, nuestro hemisferio derecho impone su actividad sobre el izquierdo. Predomina el BIS.
Este test es una traducción del que aparece en el libro de Haidt, que a su vez está relacionado con la escala de Carver y White. (Jonathan Haidt., 2006) (1) (Carver, C. S., White, T. L. (1994) (18)

Optimismo
La salud de unos y otros
Niveles altos de optimismo se relaciona con mayor bienestar subjetivo en tiempos difíciles. Esto implica mejor tolerancia al estrés.
Diversos estudios sugieren que algunas variables sociales como las amistades, la integración a grupos afines y la presencia de apoyo social son predictores de mejor salud física.
Los optimistas suelen manifestar un estilo interpersonal cálido, algo dominante. Los pesimistas uno más desconfiado y distante, a veces sumiso.
Los optimistas son percibidos como más agradables y atractivos que los pesimistas. Son más populares y están mejor integrados por lo general. A menudo se destacan y lideran en los grupos, primeros en el orden de picoteo.
En etología se utiliza el concepto de orden de picoteo (pecking order). orden de jerarquía, para explicar por qué unas gallinas comen más que otras. Pero en los grupos de humanos también hay diferencias sociales. Los que pueden hablar y son siempre escuchados y los que tratan de opinar sin serlo.
Con las actitudes enérgicas y confiadas con que encaran sus objetivos, obtienen mayores beneficios en lo socioeconómico.
Persisten en sus esfuerzos y logran mejor educación, mejor status y mejores ingresos. Con su talante alegre y comunicativo les va mejor en las relaciones sociales y mejor con sus parejas.
Estas características de la vida optimista serían las que determinan su mejor salud.
(Scheier MF, Carver CS.,2018) (4) (Forsman LJ, de Manzano O, et al., 2012) (47) (Böhm, Robert & Schuetz, Astrid, et al. 2010) (48) (Holt-Lunstad J, Smith TB, 2010) (49)
Conclusión
Esto dice David Hecht: “El hemisferio derecho está involucrado en ser el mediador del miedo y el estrés. Es el que, con su amígdala, genera alarma.
Está programado para detectar el peligro y preparar al organismo para lidiar con las amenazas, activando el sistema nervioso simpático. Estas características son esenciales para la supervivencia. Tienen un costado negativo, focalizan en lo que puede ir mal. Generan preocupación y ansiedad al centrarse en lo malo. Ve el mundo en negativo. Mirando el mundo con temor genera pasividad, evitación, escape. Ve más problemas futuros que futuras oportunidades”.
(Hecht D., 2013) (2)
Como salir del pesimismo
El tema merece otro posteo. Pero estas son las bases:
· Tomar conciencia de que se es pesimista. Y por lo tanto dudar de la evaluación pesimista que estamos haciendo. Buscar el prudente equilibrio. Dudar de nuestros temores. Darnos cuenta de nuestro sesgo pesimista.
· Hacer terapia cognitiva, nos ayudará a descubrir las trampas del pesimismo.
· Meditar. Fortalecemos las áreas frontales del cerebro para controlar mejor la preocupación y el estrés. Aprendemos a reconocer los pensamientos y sentimientos negativos y dejarlos ir. Reconocerlos en su raíz y evitar la rumiación. (Davidson RJ, Kabat-Zinn J, Schumacher J, et al., 2003) (50) (Brown KW, Berry D, Eichel K, et al.,2022) (51)
· En algunos casos tomar antidepresivos. Por supuesto bajo indicación y control de un terapeuta experto. Los antidepresivos modernos, que inhiben la recaptación de la serotonina, (aunque no se entiende bien cómo actúan), mejoran la depresión y reducen el pesimismo. Tambien mejoran las fobias y los trastornos obsesivos.
· Se puede aprender a ser optimista. Hay libros de autoayuda que son útiles en ese sentido. Los más conocidos son los de Martin Seligman, un experto que ha publicado numerosos estudios científicos, y ha escrito varios. Entre ellos “Aprenda Optimismo”
Adenda
Zurdos y diestros.
Los estudios referidos se han realizado reclutando personas diestras.
Esto tiene sentido dado que el 90 % de la población es diestra. Todo lo expresado sería válido entonces para personas diestras. En el caso de los zurdos deberían revertirse las conclusiones, lateralizar en reversa. Sin embargo, no hay suficientes datos al respecto. Sea cual sea en estos casos el hemisferio involucrado, reconocernos como pesimistas u optimistas es lo más importante.
El modelo de los Cinco Factores de la Personalidad.
Esta teoría de los cinco grandes rasgos de la personalidad, también conocida como Modelo de los Cinco Grandes, fue propuesta por los psicólogos Lewis Goldberg y Warren Norman en la década de 1960. El modelo se basa en la idea de que existen cinco dimensiones básicas de la personalidad, que describen las diferentes formas en que las personas piensan, sienten y se comportan. (Goldberg LR.1993) (7)
Los Cinco Grandes Rasgos son:
1. La Apertura a la Experiencia, (tener curiosidad, creatividad, investigar lo nuevo, lo distinto, explorar, probar).
2. La Responsabilidad, (ser disciplinado, escrupuloso, puntual).
3. La Extroversión, (ser amistoso, sociable, gregario, grupal, afecto al ruido, conversador). Lo contrario es Introversión. (ser reservado, preferir la soledad, el silencio, la intimidad, los grupos pequeños. Pensar.)
4. La Amabilidad, (implica afabilidad, simpatía, interés por los demás, compasión, ternura).
5. El Neuroticismo. (ser sensible, ansioso, depresivo, irritable, malhumorado).
Cada uno de estos factores se compone de varias subcaracterísticas, que juntas forman un perfil de personalidad único. Todos tenemos algo de estos, en distinta medida y en distintos momentos. Algunos predominan y nos definen. Creo que faltan el Optimismo y el Pesimismo.

Parte 1Referencias51 citas
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Parte 2Loteria cortical..Parte II
La Lotería Cortical. | Segunda parte.
El Optimismo, el Pesimismo, y la Salud.
En la primera parte de este posteo, decíamos:
“Una vida exitosa requiere, probablemente, de un balance apropiado entre optimismo y pesimismo”.
Este balance es difícil. En la lotería cortical nos puede haber tocado la condena del pesimismo. O el premio del optimismo. El balance implica tomar conciencia de nuestra disposición pesimista u optimista y buscar el equilibrio.
El pesimismo es una pesada carga y además es malo para la salud.
El optimismo, nos hace más felices y se asocia con mejor salud. Excepto situaciones en las que el optimismo nos lleva a tomar riesgos, placenteros, pero con consecuencias inciertas.
La salud de unos y otros.
El optimismo se asocia a mejor salud. Las causas no son claras. Niveles altos de optimismo se relacionan con mayor bienestar subjetivo, en el día a día y en tiempos difíciles. Menos estrés.
Variables sociales, como las amistades, la integración a grupos afines y el apoyo de otras personas, son predictores de mejor salud física. (Scheier MF, Carver CS., 2018) (3)
Los optimistas suelen manifestar un estilo interpersonal cálido, algo dominante. Los pesimistas, uno más desconfiado y distante, a veces sumiso. Hablan menos, sonríen menos. Evitan conversar con extraños.
Esto hace que los optimistas sean percibidos como más agradables, simpáticos y atractivos. Son más populares y están mejor integrados. Tienen muchos amigos. A menudo se destacan y lideran en los grupos, primeros en el orden de picoteo.
En etología se utiliza el concepto de orden de picoteo (pecking order), orden de jerarquía, para explicar por qué unas gallinas comen más que otras. Pero en los grupos de humanos, también hay diferencias sociales. Los que pueden hablar y son siempre escuchados, y los que tratan de opinar sin serlo.
Con las actitudes enérgicas y confiadas, con las que encaran sus objetivos, obtienen mayores beneficios en lo socioeconómico.
Persisten en sus esfuerzos y logran mejor educación, mejor status y mejores ingresos. Status e ingresos elevados, se relacionan con mejor salud. (Clark AM, DesMeules M, et al., 2009) (4)
Con su talante alegre y comunicativo, les va mejor en las relaciones sociales y mejor con sus parejas. (Scheier MF, Carver CS.,2018) (3) (Forsman LJ, de Manzano O, et al., 2012) (5) (Böhm, Robert & Schuetz, Astrid, et al. 2010) (6) (Holt-Lunstad J, Smith TB, 2010) (7)
Enfermedad y mortalidad. Optimismo y pesimismo.
En septiembre de 2019, se publicó en JAMA, un metaanálisis de la relación entre optimismo y mortalidad cardiovascular. (Rozanski A, Bavishi C, Kubzansky LD, Cohen R., 2019) (8)
Dado que la enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte, merece ser el comienzo de estas reflexiones.
Los autores señalan que “optimismo y pesimismo se pueden medir con facilidad y son formas de pensar potencialmente modificables”
Y concluyen: “Nuestros hallazgos sugieren que el optimismo se asocia con menor riesgo de eventos cardiovasculares, y de mortalidad por todas las causas. Las intervenciones para promover el optimismo, y reducir el pesimismo, tendrían un potencial beneficio”.
Uno de los estudios con datos más notables sobre el optimismo y la salud cardiovascular, fue el Women's Health Initiative (WHI).
Realizado para evaluar la calidad de vida, enfermedades, morbilidad y mortalidad de las mujeres en Estados Unidos. Se estudiaron 95.000 mujeres durante un período de 8 años, personas sanas en el inicio del estudio.
Los resultados fueron claros y sorprendentes. Las optimistas tuvieron menor incidencia de enfermedad cardiovascular y muertes por tal causa, asi como una menor mortalidad por todas las causas. (Tindle HA, Chang YF, Kuller LH, Manson JE, et al., 2009) (9)
En un estudio de Lewina Lee y colaboradores, el optimismo aparece relacionado con una prolongación de la vida, de un 10 a 15%.
Dicen los autores de este último: “las investigaciones sobre la longevidad excepcional, se han enfocado en identificar los factores biológicos asociados con dicha longevidad. Estudios recientes señalan, además, que factores psicosociales, como el optimismo, también contribuyen a reducir el riesgo de enfermar y de muerte prematura.”
Señalan que el optimismo se relaciona con una prolongación del 10 al 15% del tiempo de vida, en promedio. Estos resultados son independientes del estado socioeconómico, condiciones de salud y estilo de vida. El optimismo parece ser un factor importante para extender la vida. Genera mayor posibilidad de lograr una longevidad excepcional, vivir más allá de los 85 años.
Los datos de esta publicación provienen de dos cohortes, las mujeres del Nurses ´Health Study. Y hombres del Veterans Affairs Normative Aging Study, con seguimientos en el primer caso de 10 años y de 30 años en el segundo. (Lee LO, James P, Zevon ES, Kim ES, et al.,2019) (10)

Corazón y cerebro.
Los optimistas experimentan menos dolor posoperatorio y menos reinternaciones, después de una cirugía coronaria. (Rasmussen HN, Scheier MF, Greenhouse JB., 2009) (11) (Chida Y, Steptoe A., 2008) (12)
Eric S. Kim, Kaitlin A. Hagan, et al., encuentran que mayor grado de optimismo, se asocia con menor riesgo de mortalidad. Esta relación se aplica a diversas causas de muerte: cancer, enfermedad cardiovascular, ACV, enfermedades respiratorias e infecciones. Esto supone que promover la disposición al optimismo, podría ser un objetivo de investigación para mejorar la salud. (Kim ES, Hagan KA, et al., 2017) (13)
Las publicaciones que relacionan optimismo y salud son numerosas.
Para ampliar cito algunas. (Craig, H, Freak-poli, R., et al., 2021) (14) (E. S. Kim, N. Park, C. Peterson.,20011) (15) (L. D. Kubzansky, D. Sparrow, P. Vokonas, I. Kawachi, 2001) (16) (K. A. Matthews, K. Räikkönen, K. Sutton-Tyrrell, L. H. Kuller., 2004) (17) (Mroczek, D.K., Stawski, R.S., Turiano, N.A., et al.,2013) (18). (Boehm JK, Kubzansky LD., 2012) (19)

El pesimismo es temor y ansiedad. Genera estrés.
Una línea de pensamiento, en torno a las diferencias en la mortalidad de optimistas y pesimistas, postula que los optimistas serían menos reactivos al estrés de la vida.
El pesimismo, con la rumiación, la indecisión, el temor del futuro, el malestar que genera esperar lo malo, activa el sistema hipotálamo-hipofisario-adrenal, es decir el sistema del estrés, en forma repetida.
Responder menos, activar menos ese sistema, podría resultar a lo largo de los años en menor desgaste del organismo, mejor salud y longevidad. (Xin Y, Wu J, et al., 2017) (20)
El optimismo se asocia con menor frecuencia cardíaca y predominio del sistema parasimpático, que favorece la relajación. Niveles normales de cortisol y mejor función inmunológica.
Los hemisferios y el sistema nervioso autónomo.
El sistema nervioso autónomo tiene dos ramas que regulan las funciones del cuerpo: el simpático y el parasimpático. SNS y SNPS. El SNS prepara el organismo para responder a las amenazas, a los peligros. Aumenta la frecuencia cardíaca para enviar más sangre a los músculos. Aumenta la presión arterial. Dilata las pupilas, aumenta la frecuencia respiratoria, inhibe el proceso digestivo, nos hace transpirar. Promueve la secreción del cortisol. Prepara para luchar o huir.
Cuando la amenaza ha cesado, el SNPS, nos vuelve a la calma, reduce la frecuencia cardíaca y respiratoria, baja la presión arterial, contrae la pupila, cesa la transpiración, frena la producción de cortisol, y se reinician las funciones digestivas.
Evidencias anatómicas, fisiológicas y neurológicas, indican que el hemisferio derecho es el mediador de los procesos del SNS, el hemisferio izquierdo el del SNPS.
La estimulación vibrotáctil de la mano derecha, que estimula el hemisferio izquierdo, baja la frecuencia cardíaca, al activar el SNPS. Estimulando la otra mano se obtiene la respuesta opuesta. Como estas existen muchas pruebas. (Hecht, D. 2011) (1) Estas respuestas del hemisferio derecho al peligro, se acompañan de un consecuente aumento del cortisol circulante, significando que es el hemisferio que controla la respuesta al estrés. (Wittling W.,1994) (21) (Hewig J, Schlotz W, Gerhards F, et al., 2008) (22)
Se ha observado que, bajo estrés, se produce una activación predominante del cerebro medio derecho, y paralelamente anormalidades proarritmicas, en la repolarización cardíaca.
El estudio de Hugo D. Critchley y colaboradores, concluye así: “…En el grupo de pacientes estudiados observamos una robusta relación positiva, entre la actividad lateralizada a la derecha, en el cerebro medio, y las anormalidades proarritmicas en la repolarización cardíaca, durante el estrés. Esta asociación entre la actividad cerebral lateralizada a la derecha, y la mayor vulnerabilidad del miocardio, otorga sustento a la idea de que el estrés puede generar muerte súbita”. (Critchley HD, Taggart P, Sutton PM, et al., 2005) (23)
El estrés mental puede inducir isquemia miocárdica, en pacientes que no manifiestan isquemia cuando se los somete a ejercicio, y no presentan aterosclerosis. Este tipo de isquemia es doblemente común en mujeres menores de 50 años.
El mecanismo no ha sido aclarado con precisión. El estrés podría inducir vasoconstricción de las arterias coronarias, actuando desde el cerebro para inducir esta respuesta. Una actualización sobre este tema es la de (Bremner JD, Piccinelli M, García EV, et al., 2023) (24)
Otro estudio de J.D. Bremner et al., esta vez en pacientes con cardiopatía coronaria, concluye: “…Nuestros hallazgos sugieren que el estrés mental induce isquemia miocárdica, en personas con cardiopatía coronaria. Esto se asocia con la activación de las áreas cerebrales involucradas en la respuesta al estrés, y la regulación autonómica del sistema cardiovascular. La reactividad cerebral al estrés, puede representar un mecanismo a través del cual, se incremente la morbilidad y mortalidad de la cardiopatía coronaria.” (Bremner JD, Campanella C, Khan Z, et al., 2018) (25)
George L. Engel, en su publicación pionera y clásica, enumera las circunstancias en las que frecuentemente ocurre la muerte súbita. Todas asociadas a un intenso estrés. Merece leerse. (Engel G.L. Sudden and rapid death during psychological stress. ¿Folklore or Folk Wisdom? Ann Intern Med. 1971) (26)
El resumen de Engel es: “Las circunstancias en que puede ocurrir una muerte súbita, pueden clasificarse en 8 categorías: 1) Presenciar la muerte de un ser querido. 2) Durante el duelo de una muerte, 3) Ante la amenaza de muerte a un ser querido, 4) En los aniversarios de un duelo. 5) Ante una pérdida de prestigio, con gran humillación. 6) Al ser amenazado. 7) Cuando un gran peligro ha pasado. 8) Ante un gran triunfo, o un final feliz. En todos señala Engel, existe una respuesta neurovegetativa catastrófica.
En 1967, se publicó en el British Medical Journal, un estudio sobre personas que habían sufrido la muerte de un familiar. Que padecian esa aflicción, ese duelo. En especial viudos y viudas. Comparando con otras personas similares, que no habían sufrido tal pérdida, grupo de control. Se observó un aumento de siete veces la mortalidad, en el primer año del duelo, en relación a los controles. La mortalidad fue además significativamente mayor en hombres. Indicando que el duelo aumenta el riesgo de muerte. (Rees WD, Lutkins SG, 1967) (27)
La asociación de pesimismo y función inmunológica se ha observado consistentemente. Se activan mediadores que reflejan inflamación sistémica.
El estudio de 6000 participantes del Multi-Ethnic Study of Aterosclerosis, demostró que el pesimismo se asocia con la elevación de varios marcadores de inflamación, incluyendo IL-6, Proteina C reactiva y fibrinógeno. (Roy B, Diez-Roux AV, et al., 2010) (28)
Otras investigaciones han producido similares resultados. (Brydon L, Walker C, et al, 2009) (29) (O’Donovan A, Lin J, et al., 2009) (30) (Ikeda A, Schwartz J, et al., 2011) (31)
Sobre efectos del estrés, vale la pena mencionar el estudio que, en el 2008, (Wilbert-Lampen U, Leistner D, et al., 2008) (32), publicaron en New England Journal of Medicine. Sus observaciones sobre el riesgo de mirar partidos de futbol, (se hizo durante un mundial de futbol).
Las conclusiones fueron: “Mirar un match de futbol estresante, aumenta en más del doble el riesgo de presentar un evento cardiovascular agudo. Este riesgo es especialmente aplicable a personas con enfermedad coronaria. Medidas de prevención se necesitan con urgencia.”.
La última frase es curiosa. Prohibir a los futboleros fanáticos mirar futbol, colocar televisores en salas de urgencias, para quienes están en riesgo. Este riesgo tal vez sea mayor en los optimistas, los pesimistas están más resignados a perder.

Y la depresión.
La depresión es un trastorno extraño, que contradice todo lo que en la naturaleza humana es predominante. El instinto de la propia conservación, el instinto maternal, el deseo sexual, el interés por los placeres de la vida. Funciones vitales básicas como son la alimentación y el sueño. (Beck, A.T 2008) (33)
Se considera que afecta a 350 millones de personas en el mundo. (Smith, K. 2014) (35) La prescripción de antidepresivos aumenta año tras año y el mercado de estas drogas implica miles de millones de dólares. (Greenberg, P.E.; Fournier, A.A. et al., 2018) (36)
Causas orgánicas de depresión existen indudablemente. (Hecht D., 2010} (37) Las teorías se multiplican, muy variadas, como esta, que relaciona depresión y microbiota intestinal. (Liu L, Wang H., et al., 2023) (38)
Conviene en este contexto señalar las que podrían ser causas cognitivas. Las dos teorías cognitivas de la depresión son la de Seligman, de la impotencia aprendida. (Maier SF, Seligman ME, 2016) (39) Y el modelo cognitivo de Beck. (Beck AT., 1987) (33) (Beck, A.T 2008) (34)
Ambas enfatizan la importancia del pesimismo en la etiología, permanencia y tratamiento de la depresión. En ambas teorías, la visión pesimista e impotente del futuro. La creencia en que las expectativas deseables son improbables. Y que, en cambio, ocurrirán las indeseables, son consideradas como la causa subyacente.
Diversos estudios parecen sostener estas ideas. (Alloy, Lauren & Ahrens, Anthony. ,1987) (40) (Korn CW, Sharot T, et al., 2013) (41)
Las personas deprimidas, en su permanente rememorar pasados fallos. En su elevada sensibilidad a la crítica. En su dificultad para aceptar elogios, de los que dudan y no aumentan su autoestima. Generan un estado mental, que solo puede calificarse como depresivo. Parecen no percibir la información positiva, o minimizarla.
El sustrato neurológico estaría relacionado, en estas personas con una reducción de la función prefrontal y un aumento de la actividad de la amígdala, “el timbre de alarma del cerebro” (Siegle GJ, Thompson W, Carter CS., et al.,2008) (42) (Banks SJ, Eddy KT., et al. 2007) (43)
Tom Johnstone y colaboradores, señalan que una característica fundamental de la fisiopatología de la depresión mayor, es la activación de la corteza frontal derecha y la falta de activación de la corteza medial prefrontal izquierda que debe atenuar las respuestas de la amígdala a los estímulos negativos. (Johnstone T, van Reekum CM, et al., 2007) (44) Ver tambien (Noworyta K, Cieslik A, Rygula R., 2021) (45) (Carver CS, Scheier MF, Segerstrom SC., 2010) (2)
La mayoría de estas observaciones las he tomado de (Beck, A.T. 2008) (34)
Conclusión.
El pesimismo es malo para la salud. Es importante que podamos controlar nuestro pesimismo.
Como salir del pesimismo.
· Tomar conciencia de que se es pesimista. Y por lo tanto dudar de la evaluación pesimista que estamos haciendo. Buscar el prudente equilibrio. Dudar de nuestros temores. Darnos cuenta de nuestro sesgo pesimista.
· Hacer terapia cognitiva, nos ayudará a descubrir las argucias, inexactitudes y trampas del pesimismo.
· Meditar. Fortalecemos las áreas frontales del cerebro para controlar mejor la preocupación y el estrés. Aprendemos a reconocer los pensamientos y sentimientos negativos y dejarlos ir. Reconocerlos en su raíz y evitar la rumiación. (Davidson RJ, Kabat-Zinn J, Schumacher J, et al., 2003) (46) (Brown KW, Berry D, Eichel K, et al., 2022) (47)
· En algunos casos tomar antidepresivos. Por supuesto bajo indicación y control de un terapeuta experto. Los antidepresivos modernos, que inhiben la recaptación de la serotonina, (aunque no se entienda bien cómo actúan), mejoran la depresión y reducen el pesimismo. Tambien mejoran las fobias y los trastornos obsesivos.
· Se puede aprender a ser optimista. Hay libros de autoayuda que son útiles en ese sentido. Los más conocidos son los de Martin Seligman, un experto que ha publicado numerosos estudios científicos, y ha escrito varios. Entre ellos “Aprenda Optimismo”
Advertencia. La mente humana es compleja. Sabemos muy poco. Más allá de estas descripciones psicológicas, aproximadas, tal vez inciertas, hay un territorio desconocido.
Algo es cierto. Hay pesimistas que son buenas personas, otros que son malas personas. Optimistas que son buenas personas y optimistas que son malas personas.
Pesimistas. Mediten.

Parte 2Referencias47 citas
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Se publicó originalmente en 2 partes, entre 31 de agosto de 2024 y 31 de agosto de 2024. Acá van seguidas. Parte 1 suelta · Parte 2 suelta